El Sabor del Amor

Toda una vida juntos y ahora te vas.
Recuerdo tu sonrisa y tus abrazos fundiendo mi corazón.
Ahora tengo mucho tiempo para mí. Tiempo….sin ti…
Estás por todas partes, afuera en la terraza junto al muro donde guardabas las tijeras de podar. Te siento en la cocina, en el salón, y la casa es cada vez es más grande.

Recuerdo cuando nos íbamos a pasear por el barrio y hablábamos de nuestras cosas. Éramos siempre tú y yo, siempre juntos.
Ahora sé que lo que había escuchado sobre quererse a uno mismo antes que a los demás era cierto… ahora no sé a dónde ir me siento sólo y sin fuerzas.

Fueron muchos años juntos, pegados el uno al otro y disfrutando de lo que más nos gustaba.
¿Recuerdas aquel viaje a Londres?

Yo trabajaba en un hotel, el Chatsworth en Worthing.
Fue por aquella época cuando sentí ganas de ir a visitar el “Eagle”.Un Pub en Londres del que se hablaba mucho y del que se decía que había acuñado una nueva denominación, una forma de distinguirlo que le valdría en años posteriores recibir una estrella Michelin.

Se llamaba GastroPub. Lo que hoy en día conocemos en España como GastroBar.
Allí te conocí…
Aquel día cuando entre en el Eagle tú estabas comiendo en una de sus mesas.
Mesas de color negro, muy pobres en ornamentos, tan sólo una servilleta blanca de tela, un vaso los cubiertos, y un lilium.
A su alrededor; la barra, se alzaba imponente, llena de detalles dorados y que salpicaban la base en forma de colgadores de bolsos. Encima pequeños servilleteros que delimitaban el espacio del comensal y en frente de este una vez ya sentado en la butaca, un sinfín de botellas de vinos de la vieja Europa, prácticamente cero en vinos Españoles salvo algún Marqués de Riscal que llamaba la atención entre tanto Borgoña y Burdeos.

Desaliñada como era tu estilo, me fijé en ti. Calzabas unas AllStars, y con unos vaqueros viejos, blusa blanca y chaqueta azul marina, parecías una princesa que se escondía de los paparazis.
Eras perfecta. Lo que yo había soñado en una mujer.

¿Cómo yo con 20 añitos iba a dejar pasar la ocasión de conocerte? Me armé de valor y después de pedir la carta desde la barra me acerqué a ti y desde entonces y gracias a una botella de Muga y un ramo de Liliums hoy soy tu marido, ya tú viudo. Y me pregunto, ¿cómo sería regresar hoy a aquel lugar?

No creo que me reconociese el camarero, no, por supuesto.
Al entrar en el “Eagle” sentiría como si no estuviera entero…como si me faltara una parte de mí y que no sería capaz de llenar con la Sopa de Alubias Blancas, la Calabaza asada con cebollas rojas y Rúcula o el Roast Beef que tan magníficamente nos sentó aquella tarde de Febrero en que te conocí.
Algún día y será pronto, te prometo que regresaré allí y me pediré aquel Muga y brindaré por haberte conocido. Te lo prometo mi amor…pero dame tiempo para reponerme. Tiempo para beber del vino que nos separó y que me ayudará, contrariamente de lo que se piensa, a no olvidarte y tenerte para siempre a mi lado sin sentirme mal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>