Los Rosquitos de Mamá

Cada noche cuando después de un largo dia de trabajo llego a casa, o sea la que un dia fue tu casa, aun me llega ese olor, inconfundible con el que se aromatizaba toda la vivienda en aquellas tardes de invierno.

Siempre recuerdo el dia antes, las compras, en la tienda de la esquina, nada de grandes superficies, eran otros tiempos. Harina, huevos, levadura, naranjas (muchas), azúcar,matalauga ( anis para algunos). Ahí venia yo cargadito de la tienda de Maximino, un gran hombre que no luchaba por hacerse rico sino por salir simplemente adelante y ayudando a aquellos que no podían permitirse el lujo de pagar cada dia.

Llegaba la tarde y como siempre tu amiga Soledad te acompañaba, barreños en mano, hacían la mezcla medida con tazas y nunca con pesa, y con el esfuerzo de las manos, le daban a la masa el punto necesario y la elasticidad suficiente para convertir esa untuosa mezcla en un rico manjar. Mientras en el fuego el azúcar y el agua junto con alguna corteza se abrazaban para convertirse en un rico y meloso baño de almibar.

Pasabamos horas dándole forma a aquellos rosquetes y mientras tu ibas friéndolos a fuego lento, buscando darle la cocción exacta, doraditos por fuera, cocinados por dentro. Entre rosquetes se iba la tarde, con charlas, risas y tazones de chocolate, sin más quebraderos en mi cabeza que se enfriaran los susodichos rosquitos para darles el primer bocado, entre advertencias de no comerlos calientes, para no enfermar, hoy dia pienso que lo hacíais para que no acabásemos con ellos en el mismo dia.
Siempre te gustó estar entre fogones y te agradezco que me inculcaras el amor por este arte que hoy trato de seguir, llevado de tus sabios consejos, intento no defraudarte dia a dia. Ahora hace 10 años, los ángeles quisieron conocer tu receta y probar tus rosquetes, sin avisar te vinieron a buscar y te llevaron con ellos, como los envidio, porque los rosquetes y mira que he probado muchos, no saben igual, aquellos eran especiales, no sólo por tus manos sino por el amor que ponías al hacerlos.
Todavía hoy cuando me viene ese olor me acerco corriendo a la cocina, a ver si has vuelto pero no ocurre, aun asi no te olvido. Gracias a ti hoy soy lo que soy y hoy trato de hacer de tu nieto, lo que siempre quisiste de mi, sobre todo ser persona y respetar a aquellos que me rodean y saber perdonar a los que tratan de dañarme.

Ah se me olvidaba, no dejes que San Pedro coma los rosquetes calientes, dile que hacen daño como nos decias a nosotros que si no no te llegan al dia siguiente……..

Miguel A. Garcés Camacho

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