Sepia en Puerto de la Cruz (por Carolina Martinez)

(…) consiguió conquistarme una vez más, tal y como lo hizo la primera vez que le conocí. Fue
sencillamente ENTRAÑABLE!.

Dábamos un paseo por el puerto y de pronto, me dio un sobre, bueno, más bien casi paquete
porque abultaba un poco. Estaba envuelto en papel de seda naranja y con un lazo. Lo abrí y tuve
que pestañear varias veces porque no me lo podía creer, dos billetes para ir a Puerto de la
Cruz!!!!

No me olvidaré de aquel día de octubre, acababa de ser mi cumple y además estaba todavía
medio en “shock” después de haber dado el paso para comprarnos el piso donde vivimos, desde
hace casi ya seis años.

Iban a ser solo tres díasL, un fin de semana largo, pero desde el instante en que me dio los
billetes sabía que serían inolvidables. Había reservado un apartahotel en régimen de media
pensión, y recuerdo que la habitación tenía una terraza. Para nosotros inevitablemente “idílica” y
el escenario perfecto para abrir alguna que otra botella de vino por las noches. Estábamos muy
bien situados y el tiempo era fabuloso. Alquilamos un coche, visitamos el Teide, Santa Cruz, y mil
lugares más llenos de encanto.

Un día paseando por el puerto nos fijamos en unos pescadores que andaban entre cachivaches y
redes. O bien acababan de llegar, o bien, se preparaban para salir. El caso es que olía a mar
intensamente, y nosotros hablábamos de las tascas que a veces uno se encuentra pegadas a los
puertos, y de lo fresco que sabe siempre todo. De repente, al doblar la esquina en nuestro paseo
descubrimos una tabernita, fuera unas mesas y sillas sencillas, alguna que otra sombrilla y gente
del lugar desde luego, porque ese sitio sólo lo pueden conocer los de la zona. De ahí a que nos
entrara hambre no creo que pasaran ni tres segundos..jaja, además parece que cuando uno está
de vacaciones, relajado y como sin tener que dar explicaciones, el estómago se estira más.
En una pizarra sugerencias de la casa, que si papas con mojo, y otras delicias similares. A
nosotros en cambio se nos fue la vista para la sepia, y eso fue lo que acabamos pidiendo. Qué
lujo! Qué fresca y qué tierna la carne! A la plancha y con un aliño de vinagreta suave, no
necesitaba nada más, porque era como si la hubieran pescado para nosotros. No precisaba
ningún aderezo más, estaba impresionante, de quitarse el sombrero…una pena porque no
recuerdo el nombre de la tabernita, ni el color de las sillas, ni al camarero, pero mira tú por donde
que el sabor de aquella sepia sigue ahí, en la memoria del paladar.

Soñamos con volver, y como siempre falta el tiempo. Pero si no volvemos a Puerto de la Cruz
siempre puede venir ÉL a nosotros.

No hace mucho, un día que Fran estaba en casa, note olor al entrar, estaba cocinando, entré en la
cocina y por las paredes fotografías de lugares de playa, costa, cielos azules, palmeras… no me
enteraba de nada…al rato me percaté, estaba preparando sepia a la plancha y nos rodeaba
Puerto de la Cruz.
CAROLINA MARTINEZ

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