SILVER PRICE. 4º RELATO

Los últimos días de la partida de caza fueron los más espectaculares, excitantes y glamurosos. A la cena del sábado asistieron más de trescientos invitados. Las lámparas de araña y los candelabros inundaban la mansión con sus luces brillantes, y las mesas casi cedían bajo el peso de la comida y los manjares deliciosamente elaborados. Había cuencos de cristal con frutas frescas y sabrosas figurillas de azúcar en cada plato. En la cocina habían hecho falta más de cincuenta personas para preparar toda aquella comida y un ejército de sirvientes para servir las mesas.

El delicioso olor a carne asada y exquisitas salsas impregnaba el aire, y el vino corría como la espuma mientras los invitados de lord Sackville charlaban alegremente comentando que ésa había sido la mejor fiesta de la temporada, la comida no tenía nada que envidiar a las esplendorosas cenas en Brighton con cuatro tipos de sopa diferentes, una selección variada de pescado, enormes bandejas de jamón, aves y ternera, además de cuarenta entremeses.

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